Historia del Método

Cómo nació el Método Caruso®

Cuando di mis primeros pasos en la roca, busqué de inmediato a alguien que pudiera enseñarme el arte de la escalada. En todos los deportes existe una técnica y, habiendo practicado muchos, era natural preguntarme cuáles eran los principios de esta actividad. Para mi sorpresa, lo único que encontré fueron explicaciones detalladas sobre nudos y maniobras de cuerda, junto con un consejo clave: haz mucha experiencia y ya aprenderás.
Así que empecé a encadenar ascensiones.

Pocos años después, cuando me convertí en Guía, la falta de un “contenido” real que transmitir comenzó a pesarme. ¿Cómo podía ejercer mi profesión sin saber explicar el cómo y el por qué del movimiento en la roca? Extrañamente, nadie parecía plantearse el problema: en todos los cursos existentes, más que enseñar a escalar, simplemente se “llevaba” a los alumnos a la pared…

A principios de los años noventa, el CONI organizó el primer curso oficial para “Maestro de Escalada”. El programa incluía clases muy interesantes, pero ninguna sobre la técnica del movimiento. Cuando pregunté por qué, la respuesta — sorprendente — fue que, por supuesto, la técnica ya la conocíamos nosotros, los instructores y Guías de montaña que participábamos en el curso.
Éramos considerados los expertos del sector: los técnicos del CONI podían instruirnos sobre entrenamiento, psicología o fisiología del deporte, pero no, desde luego, sobre la técnica de la escalada. En otras palabras: nadie sabía realmente nada al respecto. Pero ¿cómo podíamos ser “Maestros” si no teníamos nada que enseñar?

Los formadores del CONI nos dijeron abiertamente que sin técnica no puede existir un deporte. Y aun así, entre los participantes — algunos de ellos ya competían — hubo quien afirmó que en la escalada la técnica no podía existir porque escalar era una actividad “instintiva”.
Empecé a darme cuenta de que un automatismo cultural inconsciente llevaba a considerar la escalada como inenseñable: en parte porque todos los niños, de un modo u otro, “trepan”, y en parte porque el terreno de práctica es siempre distinto y los movimientos posibles son infinitos. ¿Cómo, entonces, encontrar una regla?

Movimiento instintivo y técnica del movimiento

El error provenía de confundir los esquemas motores instintivos o innatos (caminar, correr, saltar, lanzar, trepar, etc.) con los esquemas motores y la técnica específica de cada deporte: es decir, con el estudio biomecánico del movimiento que, mediante una progresión técnica y didáctica, permite transmitir y enseñar el conjunto de habilidades motrices “ideales” que caracterizan a cada disciplina.
Además, muchos olvidaban que un niño aprende a caminar tras un proceso largo y complejo de coordinación y aprendizaje. Es cierto que empieza a correr movido por un “impulso innato”, pero correr es otra cosa y exige técnicas muy precisas. No es lo mismo correr por correr, al azar, que hacerlo bien.
Lo mismo ocurre con la escalada, que desde el punto de vista motor es una actividad mucho más compleja que correr o caminar.

En cuanto al terreno, en las disciplinas relacionadas con la escalada y la montaña, la complejidad suele ser mayor que en otros deportes. Si las presas y apoyos en la roca cambian constantemente, lo mismo ocurre con las pendientes nevadas, el hielo o los senderos y canales de montaña.
Pero incluso en el tenis, donde el terreno es uniforme, el ángulo, la longitud y la velocidad del bote de la pelota varían según la superficie.
En todos los deportes, el estudio de las distintas situaciones motrices ha permitido —y nunca ha impedido— identificar los aspectos generales y específicos que regulan el movimiento y el uso de eventuales herramientas, haciendo posible definir la Técnica.
La técnica es el alma de cualquier disciplina deportiva: ¿por qué habría de ser distinto en la escalada?

Hoy esta pregunta parece lógica y evidente. Sin embargo, en aquel entonces la idea de que la escalada no podía enseñarse estaba tan profundamente arraigada que mis objeciones parecían venir de otro planeta. Nadie parecía dispuesto a seguir ese camino; comprendí entonces que debía continuar la investigación por mi cuenta.

La búsqueda de la técnica en la escalada: orden en el caos

Así comenzó un largo período de observación y estudio. Por un lado, mientras enseñaba, intentaba descubrir qué movimientos hacían mejorar más a mis alumnos; por otro, trataba de desarrollar una mayor conciencia de mi propio movimiento al escalar. Muy pronto comprendí que, cuanto más consciente era de mi propia gestualidad, más eficaz resultaba como instructor — y viceversa.

El estudio de los movimientos “más eficientes” me permitió identificar los automatismos involuntarios que impiden moverse de forma libre y consciente. Es fundamental distinguir entre automatismos voluntarios e involuntarios. Los primeros son los que adquirimos mediante una práctica consciente — como cuando aprendemos a conducir. Los segundos son automatismos de los que no somos plenamente conscientes y que nos imponen límites. Pueden ser físicos, pero también mentales y culturales. Ambos planos están estrechamente vinculados: un automatismo mental o cultural puede impedirnos adquirir nuevos conocimientos y ampliar nuestro repertorio motor.

Hicieron falta muchos años para obtener los primeros resultados claros y tangibles y para identificar las primeras técnicas. El conocimiento profundo del Qi Gong, del Tai Ji Quan y del Shiatsu — disciplinas basadas en un trabajo global, natural y eficaz sobre el cuerpo, la respiración y la mente — me ayudó enormemente a construir el marco general.

El primer paso para poner orden en el caos fue desplazar la atención de la roca y sus formas hacia el cuerpo. Había que comenzar por estudiar los principios objetivos más importantes. Todos los seres humanos tienen cuatro extremidades y una pelvis — donde se encuentra el centro de gravedad — y actúan en un mundo regido por las mismas leyes físicas. Esto me permitió formular consideraciones generales sobre cómo pueden desplazarse, en distintas situaciones y en el plano vertical, el centro de gravedad y las extremidades.

Tras la dificultad inicial de definir los principios fundamentales, surgieron las primeras técnicas y, después, cada vez con mayor rapidez, el resto de las progresiones, con esa sencillez que caracteriza el descubrimiento de un itinerario nuevo — especialmente lógico y natural.

La primera técnica esencial para la escalada en vertical, la Progresión Fundamental, quedó claramente definida a finales de los años ochenta; la técnica de Equilibrio, por ejemplo, nació en 1992 y no aparece en la primera edición de El Arte de Escalar (Ed. Mediterráneo, 1993). Antes de integrar una técnica nueva en el Método, siempre consideré indispensable experimentarla y comprender en qué punto del recorrido didáctico debía situarse.


El Método Caruso® hoy

El Método Caruso® no es un sistema estático: con los años ha seguido evolucionando y profundizando en sus aspectos técnicos, didácticos y culturales.
Además de perfeccionar las técnicas de escalada, empecé a aplicar los principios del movimiento vertical al hielo y descubrí sorprendentes aplicaciones del Método a la técnica del esquí — en particular al fuera de pista y al esquí de travesía — llenando un vacío en el conocimiento de la relación entre el movimiento del cuerpo y la conducción de los esquís sobre distintos tipos de nieve.

Por último, nacieron las Matrices del Movimiento, que representan los “cimientos” de las tres disciplinas mencionadas, así como del senderismo y de otras actividades motrices. Surgieron en último lugar porque era necesario disponer primero de una visión completa para captar y sintetizar los principios que conectan todo el sistema. Sin embargo, son las primeras que deberían aprenderse, pues constituyen la base de los movimientos más complejos y específicos de la escalada en roca y en hielo, y del esquí.

Hoy en día, el Método Caruso® es un sistema técnico-didáctico plenamente consolidado para enseñar y aprender, que permite desarrollar al máximo las capacidades motrices en la escalada y en todas las actividades de montaña.
El Método puede beneficiar a cualquier practicante en distintos niveles.
Al mejorar la calidad del gesto, es posible moverse de manera más consciente y segura, disfrutando plenamente de las sensaciones y de la belleza de un movimiento natural y libre de defectos, o bien aumentar el rendimiento gracias a la eficacia de las técnicas y a la precisión en la ejecución motriz.

El Método como sistema didáctico

Todas las técnicas del Método Caruso® - ya se apliquen a la escalada en roca, al hielo, al senderismo o al esquí - nacen del estudio de los principios que rigen el equilibrio y el movimiento del cuerpo mediante el traslado del peso y la acción coordinada de las extremidades. Identificar estos principios, que están en la base de las distintas soluciones motrices, permitió definir una forma de enseñanza más precisa y, sobre todo, más eficaz.
Gracias al Método, el instructor cuenta hoy con herramientas concretas para transmitir contenidos que permiten al alumno desarrollar con rapidez capacidades que, de otro modo, solo se adquirirían tras muchos años de experiencia práctica.

Algunos han dicho que, en realidad, no “inventé” nada, que simplemente describí lo que ya existía… Para mí, eso es un auténtico cumplido.
Descubrir está íntimamente ligado al conocimiento, a la objetividad y a la realidad; inventar, en cambio, no. Watson y Crick, que “descubrieron” la estructura del ADN, o Fleming, que descubrió la penicilina, tampoco inventaron nada, pero sus descubrimientos marcaron un punto de inflexión y ampliaron profundamente el horizonte del saber.¡
Cuánto trabajo, cuánta coherencia y cuántos años de estudio hacen falta para descubrir lo que ya está ahí! Para “inventar”, basta con la imaginación…

La comparación puede parecer audaz, pero es perfectamente pertinente.
El Método se apoya en fundamentos científicos y objetivos y no contiene nada arbitrario ni fantasioso. Las distintas técnicas no se incorporaron para sumar cantidad, para “modernizar” o para seguir una moda.
En el Método Caruso, cada técnica tiene una razón de ser; todas están estrechamente conectadas y se sostienen mutuamente, formando en conjunto un verdadero organismo: el mosaico completo de las capacidades motrices.