El Método Caruso® en el esquí

Esquí de montaña y esquí fuera de pista
En lo que respecta al esquí, si por un lado la FISI ha profundizado en el conocimiento de las técnicas de descenso en pista, en el ámbito del esquí de montaña y del fuera de pista todavía quedaba mucho por hacer. ¿Cómo se esquía en nieve no pisada? Y, sobre todo, ¿qué se enseña acerca del movimiento que debe realizarse según los distintos tipos de nieve? ¿Cuáles son los ejercicios y las técnicas que permiten aprender a gestionar el peso del cuerpo para conducir correctamente los esquís en cualquier circunstancia? Cuando uno se plantea estas preguntas, el vacío técnico y didáctico se hace inmediatamente evidente.
El Método ha permitido dar un paso importante hacia adelante para comprender —y por tanto poder enseñar— los principios que permiten gestionar con precisión el peso del cuerpo sobre los esquís, tanto para garantizar la mayor seguridad que exige el esquí de montaña como para desarrollar la capacidad de adaptarse a todas las situaciones y a las distintas condiciones de la nieve, características propias de la nieve no pisada.
Hasta los primeros años del 2000 pensaba que el movimiento del cuerpo sobre los esquís tenía muy poco en común con el movimiento de la escalada y de la marcha. En realidad, también en este caso se trataba de un automatismo cultural, como pude comprender gracias al trabajo realizado con el Método. La mentalidad racional occidental tiende a dividir y a categorizar, llevando a los profesionales a especializarse en disciplinas individuales. Esto tiene sus ventajas, pero también conlleva el riesgo de perder de vista el conjunto y las conexiones que existen entre unas disciplinas y otras.
El desarrollo del Método me ha demostrado no solo que la visión de conjunto y la especialización no son antitéticas, sino también que es posible relacionar aspectos aparentemente distintos para llegar a nuevos e interesantes puntos de vista y a nuevos conocimientos. Gracias a la gestión del peso en relación con el equilibrio que generan los Patrones motores específicos de la técnica de escalada (Ambio, Cruzado y Homólogo), logré comprender cómo aplicar esos mismos patrones en el momento preciso de la fase de la curva y en función del tipo de nieve.
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Muchos instructores están convencidos de que, una vez aprendida la técnica de descenso en pista, el esquí fuera de pista se aprende por sí solo simplemente con la experiencia… Si han leído la sección Cómo nació el Método, esto les recordará algo. En realidad, del mismo modo que en la escalada existe el concepto de hacer que el cuerpo se vuelva “inteligente” gracias a la técnica para poder adaptarse de forma óptima a todas las situaciones, también en el esquí conocer los principios generales del movimiento y las técnicas más adecuadas para las distintas condiciones del manto nivoso permite variar la propia forma de esquiar, adaptándola a las cambiantes situaciones del fuera de pista. Estas pueden incluir los distintos tipos de nieve, de pendiente e incluso de esquís utilizados. El Método, además, está concebido para ofrecer el máximo resultado en términos de rapidez de aprendizaje y seguridad.
La inteligencia motriz específica que se desarrolla con el Método permite adquirir una forma de esquiar natural, armoniosa, simple y eficaz, eliminando los defectos y los errores que limitan la libertad de la acción motriz y que derivan de automatismos involuntarios consecuencia de un conocimiento —y de una capacidad de ejecución— parcial del movimiento del cuerpo sobre los esquís. El Método Caruso® aplicado al esquí fuera de pista está concebido para favorecer al máximo la capacidad individual, más que para establecer clasificaciones de giros que se diferencian según la amplitud de su radio: a medida que el esquiador mejora, será libre de realizar el tipo de giro que desee y/o el más adecuado según las circunstancias.
Patrones de movimiento y posiciones sobre los esquís
El nuevo enfoque de la técnica de esquí fuera de pista nació, ante todo, gracias a la comprensión de la relación entre el equilibrio del cuerpo sobre los esquís y los patrones de movimiento en ambladura, cruzado y homólogo. Todos los errores principales en el esquí derivan de la tendencia primordial a exagerar la ambladura. Por ejemplo, una posición en ambladura tiende a rigidizar el tronco, provocando el retraso del peso y la rotación del cuerpo. Para contrarrestar esta tendencia, como ocurre en la escalada, tenemos la posibilidad de intervenir de forma específica mediante el patrón cruzado: este patrón favorece la centralidad del peso, primera característica fundamental de un buen esquiador. Todos los demás ejercicios, al no trabajar sobre el patrón cruzado, no son igual de eficaces para adquirir una verdadera centralidad. El movimiento cruzado ha permitido también desarrollar, en la subida con pieles, el cambio de dirección según el patrón cruzado simultáneo y evolucionado, que se vuelve fundamental en el esquí de montaña, ya que permite mantener la continuidad del movimiento sin interrumpir el ritmo de la marcha.
En el descenso, un aspecto difícil de comprender —si no a nivel teórico, al menos desde un punto de vista práctico— es que la respuesta de los esquís depende de nuestra capacidad para gestionar el peso, pero también de la consistencia del manto nivoso. Si no se comprenden estos principios generales, es imposible pasar con agilidad de una situación de nieve dura a otra de nieve polvo o de costra venteada. O mejor dicho, quizá sería posible únicamente gracias a un nivel de práctica extraordinariamente alto y poco común. El Método Caruso® en cambio, está dirigido a todos, no solo a los especialistas. De hecho, quienes más se benefician de él son precisamente las personas normales que desean optimizar el tiempo del que disponen para obtener el máximo resultado.
Una gestión precisa del peso del cuerpo en las tres posiciones —centro, adelantado y retrasado—, junto con los patrones cruzado, homólogo y en ambladura, hace que los esquís respondan a nuestro movimiento del modo deseado. También la capacidad de gestionar el peso sobre ambos esquís es una característica importante, propia de un esquiador completo. El peso predominante sobre el esquí exterior, útil e indispensable en terreno helado y empinado, resulta por ejemplo absolutamente negativo en nieve profunda o sobre costra venteada. Una tercera característica importante es la capacidad de aumentar o disminuir la separación de las piernas según el tipo de nieve y la pendiente.
Una vez conocidos los elementos que permiten adquirir la capacidad técnica en el esquí, gracias a la experimentación de técnicas y ejercicios específicos, se entra en la fase de aprendizaje más hermosa: aquella en la que se aprende a utilizar y adaptar las técnicas según las circunstancias, de forma consciente. Como ocurre en la escalada, esta fase de conciencia motriz es prácticamente imposible si antes no se comprenden y adquieren, tanto a nivel teórico como práctico, las técnicas del movimiento. Sin duda, cualquiera que esquíe con mucha frecuencia puede llegar a ser bueno, pero ser consciente y saber enseñar es otra cosa. No depende tanto de la frecuencia con la que se practica o se entrena, sino del conocimiento y de la calidad.



Esquiar de forma consciente: la percepción del movimiento «infinito»
Si preguntas a un especialista en esquí dónde debe llevarse el peso para frenar en cuña, la respuesta es: en el centro, y a veces ligeramente hacia delante. Si después preguntas dónde está el peso durante el giro en paralelo, la respuesta es: en el centro. Lo mismo ocurre en nieve fresca: siempre en el centro. Pero entonces no habría ninguna diferencia entre las distintas técnicas y los distintos tipos de nieve…
En realidad, cuando se esquía el peso se desplaza continuamente tanto a lo largo del eje longitudinal (centro-adelante-atrás) como a lo largo del eje lateral, repartiendo la carga entre los pies en proporciones diferentes. De ello resulta un movimiento rotatorio continuo que coincide con el símbolo del infinito (∞). En la práctica, el centro es solo la resultante del movimiento que se obtiene mediante un desplazamiento continuo del peso. También en la nieve fresca y polvorosa la resultante es el centro, pero se obtiene mediante una rotación distinta. Este es el motivo por el que un buen esquiador de pista que utiliza la misma gestión del peso también en nieve fresca tiene inicialmente serios problemas. El automatismo adecuado para la pista no funciona en el fuera de pista, al menos en los casos en que los esquís se hunden en la nieve. Pero sin conocimiento ni conciencia, a nuestro esquiador no le queda más remedio que avanzar por ensayo y error hasta que un día, quizá, consiga esquiar bien también en nieve no pisada, pero sin saber por qué ni cómo lo ha logrado. También es lógico que nadie pueda enseñar estas diferencias mientras no las experimente de forma consciente. Diría que por esta razón en muchos cursos no se enseña cómo variar la forma de esquiar según el tipo de nieve.
Lo mismo ocurre con la cuña. Podría decirse que el paso de la cuña al paralelo constituye un auténtico trauma para el alumno, y esto sucede porque no se tiene conciencia del porqué, es decir, de las características precisas de ambas técnicas, que son antitéticas entre sí. La cuña se basa en el patrón en ambladura, mientras que el paralelo se basa en el patrón cruzado, con dos formas distintas de gestionar el peso y de organizar la posición del cuerpo. Experimentar conscientemente el movimiento del infinito (∞) equivale a conocer y comprender la dinámica del movimiento del cuerpo sobre los esquís, quizá el logro más importante para un buen esquiador.
Conducir o derrapar
En pista pisada, la conducción es el objetivo que se intenta alcanzar. Pero en el fuera de pista los horizontes se amplían: conducir y deslizar se convierten en las dos caras de una misma moneda, la armonía de los opuestos en las distintas situaciones.
En los diferentes tipos de nieve no pisada es impensable esquiar siempre de la misma manera. Pensar, por ejemplo, en esquiar en conducción sobre nieve venteada o con costra significa arriesgar una caída en cada giro. La montaña enseña la capacidad de adaptación: no es correcto ser rígido, ni con la mente ni con el cuerpo, insistiendo siempre en la misma forma de esquiar. La solución adecuada en una circunstancia puede no serlo en una situación diferente. El Método Caruso® tiene como objetivo desarrollar de manera específica la capacidad de adaptarse y de responder a las “exigencias” de la montaña, y por tanto de cambiar la forma de esquiar de acuerdo con las cambiantes características de la nieve.
Para esquiar de manera completa hay dos aspectos que coordinar: el propio cuerpo y los esquís.
El movimiento del conjunto cuerpo-esquís puede determinarse por un movimiento de arriba hacia abajo, es decir, del cuerpo hacia los esquís, o bien de abajo hacia arriba, es decir, desde los pies y los esquís hacia el cuerpo. En pista, actualmente, se tiende a utilizar el movimiento de los pies para guiar los esquís y, en consecuencia, el cuerpo, es decir, de abajo hacia arriba. En el Método se comienza aprendiendo a utilizar principalmente el desplazamiento del peso del cuerpo, para después incluir también el movimiento de los pies. De este modo, mediante un sistema de técnicas, el Método aborda todos los componentes que determinan el movimiento en general. El objetivo principal consiste en alcanzar una mayor capacidad de adaptación.
Pero ¿cuáles son entonces los elementos motores, es decir, los componentes del movimiento sobre los esquís? Veámoslos:
- 3 posiciones del peso en dirección longitudinal: adelante – al centro – atrás
- 3 posiciones en dirección lateral: derecha – al centro sobre los dos esquís – izquierda
- 3 tipos de posición del cuerpo: cruzado – homólogo – en ambladura
- La capacidad de abrir o acercar los esquís según el tipo de nieve
- El aislamiento pelvis-tronco, es decir, la capacidad de separar el movimiento del centro de gravedad del resto del cuerpo
- La armonización de los dos centros de gravedad
La capacidad de conocer y coordinar estos componentes permite tener la visión de conjunto indispensable para esquiar bien en cualquier circunstancia. Si se comparan estos componentes con los de la escalada, resulta evidente que se trata de los mismos aspectos: gestión del peso derecha-izquierda y adelante-atrás, y patrones de movimiento de las extremidades —ambladura, cruzado y homólogo—. El aislamiento del centro de gravedad, o mejor dicho la armonización de los dos centros de gravedad, es el elemento que completa el mosaico.




Síntesis de las técnicas
Al principio conviene trabajar por separado los dos tipos de dirección del movimiento.
- De arriba hacia abajo (A): se utiliza el desplazamiento del peso del cuerpo para guiar el movimiento de los esquís.
De abajo hacia arriba (B): se utiliza el movimiento de los pies para guiar el movimiento de los esquís.
El Método comienza con A para incluir posteriormente B.
Las principales técnicas del Método Caruso® para el esquí se refieren a:
- Las 3 posiciones del peso en dirección longitudinal y lateral
- Los 3 diferentes tipos de posición del cuerpo
- Aislamiento pelvis-tronco y armonización de los dos centros de gravedad
- Ambladura, cruzado y homólogo en las diferentes situaciones
- Deslizamiento diagonal para mejorar el control de los esquís y el desplazamiento del peso: centro, adelante, atrás
- Los dos tipos de deslizamiento: con los esquís planos o con el agarre de los cantos
- La cuña: cómo gestionar el peso para girar en el menor espacio posible y controlar la velocidad incluso en las situaciones más difíciles, pasando de la posición en ambladura a la posición cruzada (ambladura + cruzado)
- Sustitución desde la diagonal y desde parado
- Paralelo con cambio de peso y movimiento cruzado simultáneo
- Paralelo con extensión marcada (punto muerto), con “doble peso” y movimiento cruzado simultáneo
- Paralelo sin extensión, con movimiento cruzado no simultáneo
- Paralelo con rotación del tronco: en mogul con doble apoyo, giro con doble apoyo, giro saltado con doble apoyo, desde parado, en terreno empinado
- Paralelo con el uso del bastón del lado monte
- Giro saltado desde parado y en el sitio (cruzado simultáneo)
- Paralelo con percepción del 8 o ∞ (infinito)
- Ejercicio del “círculo”, preparatorio para la gestión del peso (en nieve fresca o compacta)
- Paralelo en nieve fresca, con percepción del 8 inverso o ∞ (infinito), desde parado y con doble apoyo




















